Atronando y azotando, sobre playas y arenales, sobre riscos y nieves, la danza de la Muerte que los lleva a la otra orilla. Al son de una tormenta, un bosque de relámpagos, van los eternos inmortales de sangre, inmortales de acero, inmortales de gloria. A pecho de gallo, con medialunas en sus manos, bajo lluvias de abejas y astros impiadosos, ahí van cargando, ahí van cantando, como leones y toros los rotos de Chile.
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