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Mostrando las entradas etiquetadas como Juan Pablo Guajardo

La Caverna

Llevaba mucho tiempo  buscándolo. Un día simplemente desapareció. No le dijo nada a nadie. Hace ya cuatro años que estaba  intentando ubicar su paradero, pero sin los más mínimos resultados. Fue como…si se hubiese esfumado. No podía dejar de oír en mi cabeza la última petición que hizo mamá antes de morir. “Por favor, encárgate de él”. Y a pesar de que él, mi hermano, ya estaba completamente perdido, le juré a ella que lo haría. Pero su muerte no hizo más que empeorar las cosas. Él recayó en una profunda crisis y sus excesos empeoraron. Se hacía evidente al solo mirarlo a los ojos. Cuando iba a visitarlo después del trabajo, rara vez lo encontraba en su departamento. Pero yo tenía sus llaves, y al entrar me encontraba con botellas tiradas por el suelo y cajas de pastillas desparramadas sobre la mesa. Siempre cuando me encontraba ahí, parado entre el marco de la puerta, atónito, se me acercaba un tipo de ojos rasgados. “¿Sabe usted dónde estar él?” “No, creí que estaría aq...

Daga Ceremonial

Desta historia no se sabe mucho, pero lo poco que se sabe os bastará para que os hagáis una pequeñísima idea de lo que esa noche misma sucedió. Halláronle tendido en el suelo, no por mero gusto sino que por desgracia, con una daga clavada en su desdichado corazón. Agora bien, vosotros poco sabéis desto, y lo poco que sabéis es sólo porque os lo acabo de transmitir. Aún así, hasta el más torpe de las criaturas creadas por Dios podría deducir que esto fue un vil asesinato, cometido por algún vil bandolero que también, y de igual forma, podría asesinaros a vosotros. Sin ningún escrúpulo ni vacilación alguna. Es por esto que ustedes no deben mencionar palabra alguna sobre el asesinato que acabáis de deducir se ha llevado a cabo, ya que el vil bandolero que os acabo de mencionar no dudará en asesinar de nuevo con tal de no dejar a testigo vivo alguno. Así que os pido, lectores, que por favor mantengáis el silencio y que no me hagáis hacer uso de mis dagas nuevamente.

¿El huevo o la gallina?

Dios volvía a vaciar el vaso que hace unos pocos segundos se encontraba medio lleno. El licor ya le producía ese caluroso placer en la garganta. Nadie quedaba en el bar en esas altas horas de la madrugada. Zeus, Júpiter, Amón,  Alá y hasta Buda (quien siempre intentaba colarse en el lugar) se habían ido a sus casas. Se encontraba completamente solo, y a la vez, completamente borracho. Absorto en sus pensamientos, se puso a jugar de manera distraída con sus sobrenaturales poderes. Así, como por accidente, creó al primer ser humano. Solo, recostado sobre la barra, repasaba las últimas gotas que aún quedaban en la botella. El lugar estaba completamente desolado.  Nieztche, Engels, Feubarch y hasta Sartre -quien solía ser el último en irse- habían abandonado el bar, y Adán estaba siendo acompañado por una serie de pensamientos y una borrachera que al día siguiente cobraría el precio que su cuerpo debería pagar. Se puso a pensar en la vida, en la esencia de las cosas, y una se...

Luchas y Reivindicaciones

Entre risas íbamos caminando hacia el paradero. Trayecto no muy largo. Sin embargo, trayecto que cambiaría nuestras vidas para siempre. Todo comenzó hace aproximadamente 5 años, cuando yo y mi compañero empezamos a usar nuestra querida micro 430 para llegar a nuestros hogares. Todo era normal. Hacíamos el recorrido común y corriente,  y en el tiempo que demoraba la micro en arribar a nuestros destinos nos íbamos conversando sobre diferentes temas. Al cabo de un año de usar el mismo transporte de manera diaria ya conocíamos al micrero, que siempre era el mismo. Todos los días se encontraba él sentado con su enorme y macizo cuerpo en el asiento del conductor. También conocíamos a un grupo de viejas copuchentas que se sentaban en la parte de atrás del largo transporte. Siempre comentaban sobre relaciones amorosas de tal o cual personaje,  o sobre algún que otro tema de interés nacional. Ah, tampoco hay que olvidar al Ismael, quien también tenía un asiento preferencial e...

¿Para qué escribo?

José Saramago decía que él no escribía ni para agradar ni para desagradar, sino que escribía para desasosegar. Si me lo preguntan a mi, "personaje" nada ilustre comparado con el gran escritor portugués, yo respondería que escribo directamente para desagradar. Escribo para que mis letras hagan al lector verse en un espejo que le muestre lo miserable que es y puede llegar a ser, para que sienta arcadas cuando mis párrafos busquen reflejar a su persona y al ambiente que lo rodea, para que se desagrade de sí mismo, no para que deje de leer lo que escribo, sino para que se motive a cambiar aquello que le produce náuseas.  Lector, estoy dispuesto a hacerte vomitar con tal de no dejarte indiferente, créeme. Y por favor, no te lo tomes personalmente. Juan Pablo Guajardo