El hombre se baja con decisión de su deportivo descapotable recientemente comprado. Sus pasos resuenan a través del solitario estacionamiento, y sin saber bien a dónde dirigirse, revisa un mapa colgado en la pared. Urgencias, Rayos... Consultas, quinto piso. Camina hacia el ascensor y presiona el botón hacia arriba. Una agraciada mujer llega y saca su smartphone, espera. Esta, de unos veinte o treinta años, era de esa generación tipo que se ve tanto hoy día. Cargada de ansiolíticos de bajo calibre, evasora de responsabilidades y gran defensora de los "derechos", sin considerar los deberes asociados a estos. El ascensor demora, y el hombre, ya nervioso, dirige su atención a la pantalla, la cual le anuncia que el ascensor viene en camino. Mira su reloj, como si fuera atrasado y piensa, con morbosa ironía, que ni a su sentencia de muerte llegaría tarde. Diez minutos. Se sube al ascensor, y aprieta el número cinco. Se cierran las puertas y comienza a subir. ...