Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Domingo Valdés

Cuídalo

- ¡Cuídalo! – me dijo secamente antes de entrar a la tienda y pegarme un portazo en la cara. Me senté entonces en el primer escalón que daba acceso al establecimiento, aliviado de su presencia. Miré a mi alrededor. Encontreme en una pequeña plaza triangular, adoquinada y de color ocre. Era tranquila, no había mucho movimiento, solo un pequeño café cuyos últimos clientes probablemente no tardarían en irse. No debían de ser más de las siete de la tarde y el sol iluminaba con sus últimos rayos el agotado día. A pesar de la hora, todavía hacía mucho calor. Muchísimo calor. Me enjugué la frente. Sin duda, los materiales y la falta de viento en la menuda plaza no contribuían mucho a disipar el bochornoso aire, antes bien, solo lo acentuaban atrozmente. La tarde anaranjada hubiera sido muy agradable de no haber sido por la calorina, es más, incluso hubiera sido perfecta si tampoco hubiese existido el perro. Ese perro. Gordo, decrépito, arrugado, canoso, grasiento, medio cojo, m...

Tractado Octavo y Primero del Lazarillo de Tormes

-      -   Lázaro de Tormes, quien ha de mirar   a dichos de malas lenguas nunca medrará. Digo esto, porque no me maravillaría alguno, viendo entrar en mi casa a tu mujer y salir de ella. Ella entra muy a tu honra y suya, y esto te lo prometo. Por tanto, no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca, digo a tu provecho –le dijo el arcipreste. -         - Señor, yo determiné arrimarme a los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo de eso y aun por más de tres veces me han certificado que, antes que conmigo casase, había parido tres veces, hablando con reverencia de Vuestra Merced, porque está ella delante – replicó Lázaro. Entonces su mujer echó juramentos sobre sí, que Lázaro pensó que la casa se hundiría con ellos. Y después tornóse a llorar y a echar maldiciones sobre quien con Lázaro la hubiere casado, en tal manera que él hubiese querido ser muerto antes de que se le hubiera escapa...

El Renacer de Adán

            Al principio fue la realidad, y era buena.             Después, fue creado un hombre, y este también era bueno.             El hombre vivía en el paraíso y conocía la creación. Contemplaba a su alrededor e inteligía todo cuanto veía. De este modo comprendía lo que le rodeaba y con ello, se admiraba y deslumbraba.             Los conceptos de las cosas que abstraía eran casi tan hermosos como la realidad misma, pues contaba con el don de ciencia.             Posteriormente, otra criatura fue engendrada: la primera mujer. Ella conocía tan bien como su par e igualmente era capaz de generar hermosos conceptos sobre el universo.             En...