Era viernes por la noche. Unos amigos se juntaron. El estrés de la semana se dejó de lado por unas horas. Estaban cómodos, solo querían olvidar la prueba que habían tenido sobre el existencialismo de Sartre. La noche avanzó, las conversaciones protocolares y las bromas sin sentido empezaron a llenar el entorno. Las risas iniciales fueron remplazadas por risotadas, el ambiente comenzaba a vibrar, el humo de los cigarrillos nublaba las mentes. Un tipo quiso demostrar su madurez, pero no logró más que quedar botado en el piso lleno de vómito. La noche avanzó, llovían las groserías, las palabras sin sentido, las falsas declaraciones de amor, más personas se iban sumando al lugar. Pese a no conocerse, todos se saludaban amistosamente. Los hombres y las mujeres vestían ropas similares para poder ser aceptados por ellos mismos y así poder sentirse parte de aquel hábitat. Las posturas a la defensiva eran lo corriente, nadie asumía el riesgo de ser el que era. Surgieron nue...
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