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Era de noche

Era viernes por la noche. Unos amigos se juntaron. El estrés de la semana se dejó de lado por unas horas. Estaban cómodos,  solo querían olvidar la prueba que habían tenido sobre el existencialismo de Sartre.

La noche avanzó, las conversaciones protocolares y las bromas sin sentido empezaron a llenar el entorno. Las risas iniciales fueron remplazadas por risotadas, el ambiente comenzaba a vibrar, el humo de los cigarrillos nublaba las mentes. Un tipo quiso demostrar su madurez, pero no logró más que quedar botado en el piso  lleno de vómito.

La noche avanzó, llovían las groserías, las palabras sin sentido, las falsas declaraciones de amor, más personas se iban sumando al lugar. Pese a no conocerse, todos se saludaban amistosamente. Los hombres y las mujeres vestían ropas similares para poder ser aceptados por ellos mismos y así poder sentirse parte de aquel hábitat. Las posturas a la defensiva eran lo corriente, nadie asumía el riesgo de ser el que era. Surgieron nuevas conversaciones torpes y sin relevancia. Se grabaron videos en unos modernos iphones,  donde se aparentaba felicidad,  en ellos se ocultaba el cansancio agotador y los pesares comunes.  Se mostraron algunas fotos con caras sonrientes y vidas plenas, las personas que las dejaban a la vista no parecían más que copias melancólicas y adormiladas de aquellos “fieles” retratos físicos. Las personas seguían riendo tontamente.

La noche avanzaba, iba llegando a su fin. La estupidez y la energía fueron remplazadas por el cansancio y el agotamiento. Algunos se subieron a un auto con ganas de llegar a sus casas. Unos dormían, otros no sabían lo que estaba pasando, un par aún se daban cuenta de ciertos detalles. Por una exigencia de la ley el auto se detuvo en un semáforo. En el costado de la calle se podía mirar cómo tres hombres pavimentaban la vereda, eran las cuatro de la madrugada. Uno de los pasajeros miró a los ojos a un obrero y pudo observar su cansancio. Se sintió triste y no comprendió por qué.

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