Nadie se detuvo, las personas ignoraron tan magnífica
obra. La humanidad, el tacto, la afectividad, no fueron más que palabras vacías
partes de un lejano pasado. Del cariño ya pocos se acordaban y los que se
acordaban no lo podían ver, eran ciegos. El animal no era un simple animal, el
enfermo no era un simple enfermo. ¡Sí!, era enfermo, era animal, pero mucho más
humano que muchos homo sapiens, mucho más tierno que el animal que lo cuidaba.
¡No!, no tenía un dominio sobre sí mismo, no tenía un cerebro operativo, sin
embargo era un genio incomprendido que hablaba cosas abstractas en un lenguaje
por el cual pasamos y se nos olvidó. Muchos le temían porque nos recordaba
nuestra frágil posición. Era ignorado por tener una falla en el cromosoma 21.
12 de Diciembre en el Colegio Tabancura Hace calor y el año ya casi termina. El timbre resuena estridente por cada pasillo del colegio y treinta y seis alumnos entran en tropel para rendir el examen mas temido del año: física específica. Los treinta y seis transpiran helado y están muy nerviosos, piensan en lo poco o mucho que estudiaron, en como están a punto de empezar las vacaciones, o de como, por culpa de este examen, no entrarán a la universidad. Siguen caminando hacia la sala, pero, en un instante, dejan de ser treinta y seis y pasan a ser treinta y cinco... Uno de ellos ha escapado despavorido, sabe que le irá pésimo y decide que no vale la pena entrar a la sala... En un momento de distracción general, el alumno, nuestro alumno, corrió desesperadamente a las salas de entrevistas. Cuenta la leyenda que este alumno, cuyo nombre prefiero no revelar, entró en las salas y producto de un largo año de estrés escolar, cayó rendido en uno de los sillones. Nadie recuerda que sucedió...
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