Nadie se detuvo, las personas ignoraron tan magnífica
obra. La humanidad, el tacto, la afectividad, no fueron más que palabras vacías
partes de un lejano pasado. Del cariño ya pocos se acordaban y los que se
acordaban no lo podían ver, eran ciegos. El animal no era un simple animal, el
enfermo no era un simple enfermo. ¡Sí!, era enfermo, era animal, pero mucho más
humano que muchos homo sapiens, mucho más tierno que el animal que lo cuidaba.
¡No!, no tenía un dominio sobre sí mismo, no tenía un cerebro operativo, sin
embargo era un genio incomprendido que hablaba cosas abstractas en un lenguaje
por el cual pasamos y se nos olvidó. Muchos le temían porque nos recordaba
nuestra frágil posición. Era ignorado por tener una falla en el cromosoma 21.
Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren
Comentarios
Publicar un comentario