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La gran obra


Nadie se detuvo, las personas ignoraron tan magnífica obra. La humanidad, el tacto, la afectividad, no fueron más que palabras vacías partes de un lejano pasado. Del cariño ya pocos se acordaban y los que se acordaban no lo podían ver, eran ciegos. El animal no era un simple animal, el enfermo no era un simple enfermo. ¡Sí!, era enfermo, era animal, pero mucho más humano que muchos homo sapiens, mucho más tierno que el animal que lo cuidaba. ¡No!, no tenía un dominio sobre sí mismo, no tenía un cerebro operativo, sin embargo era un genio incomprendido que hablaba cosas abstractas en un lenguaje por el cual pasamos y se nos olvidó. Muchos le temían porque nos recordaba nuestra frágil posición. Era ignorado por tener una falla en el cromosoma 21. 

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