Ir al contenido principal

Microcuentos

Mateo

Mateo era un niño matemático.
Sumó amigos en el colegio.
También sumó conocimientos.
Cuando aprendió a multiplicar, se multiplicó por cero y… ¡desapareció!





Frío 

Este era un rey solitario y egoísta, que vivía en su palacio callado y congelado.
Era frío con su madre, frío con su padre y frío con los demás.
Murió porque su corazón se congeló y de él nunca más se habló.





Belleza

Carolina reunió sus ahorros y partió. Quería comprar ese remedio que había visto en la revista. Según decían contenía vitaminas para embellecer el rostro.
En la farmacia, la atendió un joven moreno, quien dulcemente le dijo que, con esa belleza, no necesitaba el medicamento.
Su piel mejoró de golpe y una sonrisa iluminó su cara. Guardó sus ahorros para otra ocasión.




Atracción

Su nombre era Bob. Era muy atractivo. Era alto, delgado y tenía un cuerpo muy musculoso. Me encantaba la forma en la que caminaba. En su cara se podían apreciar sus grandes ojos color café que me miraban muy fijamente mientras yo caminaba por la calle camino a mi casa. Bob empezó a acercarse hacia mi. No dejaba de mírame nunca e incluso venía hacia mi con la lengua afuera. Cuando por fin tuve la oportunidad de estar frente a Bob, me di cuenta de que no podía hablar con él… Bob era un perro.



Vacaciones

Estaba disfrutando las vacaciones de verano sentado en la blanca arena de la playa tomando una piña colada, y en un abrir y de cerrar de ojos, me encontraba sentado en mi pupitre tomando apuntes.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Final

Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren

Simples receptores

Rostros deprimidos, miradas vacías, ropas tiesas. A pesar de aquel ambiente tétrico, se percibía que alguna vez hubo alegrías. Una mano sudorosa jugaba con un lápiz. Una voz en off llamaba al orden. Un tiempo gritaba por un pasado. El día esclarecía y el corazón se ensombrecía. Los cerebros se endurecieron, todos los ojos miraron a un mismo punto. Los cuerpos se transformaron en máquinas procesadoras. Las reglas estaban claras, no se cuestionaban, era lo sano; o tal vez lo cómodo. Las preguntas que surgieron en aquel salón de clases no fueron nada extraordinarias.

Sangra la Última Hora del Día

      Las hojas se mecían suavemente al compás del atardecer. El sol replegaba sus luces con algún espectáculo, en el que las nubes se ufanaban como coloridas protagonistas. La vieja encina se alargaba sobre las briznas ya rendidas, pronta a perderse en las sombras de la colina. Un conejo distraído se paseaba dando brincos sin un sentido aparente, por los lugares que aún quedaban bañados de día. Asustadas por la presencia del animal, un cuarteto de bandurrias batió las alas entre chillidos desganados. Al punto las imitó un pajarillo que se fue a posar en la última rama de la encina. El conejo levantó la vista, mirando divertido a las bandurrias, para seguir luego su rebote disparatado. La hierba se resignaba a su paso, ansiando recatada las sombras y el descanso. Los últimos brillos del ocaso tinto eran súbditos del sopor. El aire sangraba abatido por la lanza de la noche, que asestaba su golpe definitivo al sol para bajar luego su telón oscuro. Una ligera brisa remeció ...