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Microcuentos

El vaso 

Despertaba un sábado en la mañana, no recordando bien lo que había pasado ayer, con un intenso dolor de cabeza, apunto de morir necesitaba algo de beber, levanta la cabeza de la cama y veo una luz, era mi salvación, un vaso de agua.
Un mal primer día

Primer día de trabajo y Gabriel como todo chileno  iba muy atarazado, por lo que decide hacerse el enfermo. El jefe llama a Gabriel y nota algo sospechoso en su comportamiento, horas mas tarde se cruzan en el metro y nadie supo que paso con el nuevo trabajador...


Accidente

Un día como cualquiera estaba una niña jugando en una casa como invitada, después de un par de juegos, la invitada choca una mesa con el pata rompiendo y derramando yodo lo de la la mesa quedo muy mal, ni hablar del pobre pie de la niña.


Animal flojo

oloroso y con pulgas es el animal mas flojo que ha pasado por la casa de Jaime. Pero para el dueño no le parese algo bueno, por lo que esta obligado a sacarlo por una vuelta por afuera de la casa.


Un día muy raro

estaba listo para quedarme dormido como un día de semana cualquiera, preparándome para un ensayo un poco nervioso, todo parecía muy real, cuando me despierto en medio de una playa fuera de la ciudad..

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Sangra la Última Hora del Día

      Las hojas se mecían suavemente al compás del atardecer. El sol replegaba sus luces con algún espectáculo, en el que las nubes se ufanaban como coloridas protagonistas. La vieja encina se alargaba sobre las briznas ya rendidas, pronta a perderse en las sombras de la colina. Un conejo distraído se paseaba dando brincos sin un sentido aparente, por los lugares que aún quedaban bañados de día. Asustadas por la presencia del animal, un cuarteto de bandurrias batió las alas entre chillidos desganados. Al punto las imitó un pajarillo que se fue a posar en la última rama de la encina. El conejo levantó la vista, mirando divertido a las bandurrias, para seguir luego su rebote disparatado. La hierba se resignaba a su paso, ansiando recatada las sombras y el descanso. Los últimos brillos del ocaso tinto eran súbditos del sopor. El aire sangraba abatido por la lanza de la noche, que asestaba su golpe definitivo al sol para bajar luego su telón oscuro. Una ligera brisa remeció ...

Final

Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren

Simples receptores

Rostros deprimidos, miradas vacías, ropas tiesas. A pesar de aquel ambiente tétrico, se percibía que alguna vez hubo alegrías. Una mano sudorosa jugaba con un lápiz. Una voz en off llamaba al orden. Un tiempo gritaba por un pasado. El día esclarecía y el corazón se ensombrecía. Los cerebros se endurecieron, todos los ojos miraron a un mismo punto. Los cuerpos se transformaron en máquinas procesadoras. Las reglas estaban claras, no se cuestionaban, era lo sano; o tal vez lo cómodo. Las preguntas que surgieron en aquel salón de clases no fueron nada extraordinarias.