El chirrido de la puerta le puso a ese cuarto el misterio
que jamás tuvo. El polvo abundante hizo tangible la vejez de las cosas. El
intenso calor vistió al sudor como una señal de abundantes nervios. El olor a
rata llamó a la aventura. La tela de la araña puso en alerta al cuerpo. La
cautela primó y el asombro triunfó, los afanes de gloria y honor se vieron
saciados. La historia no conoció jamás tan digno descubridor.
Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren
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