Cuando el camino se comience a estrechar y ya no queden pies para mi suelo habré llegado. El árbol ya sin hojas y las ramas por el suelo. El otoño se ha llevado hasta el último momento. Sonaron las sirenas, ya va a zarpar el barco, no hay manera de salir. En el muelle de las almas escondido en las montañas, el mismo que te vio partir. Y es la última mirada que como un espejo al tiempo es capaz de dar al viejo la sonrisa de la muerte.
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