Cuando el camino
se comience a estrechar
y ya no queden pies para mi suelo
habré llegado.
El árbol ya sin hojas
y las ramas por el suelo.
El otoño se ha llevado
hasta el último momento.
Sonaron las sirenas,
ya va a zarpar el barco,
no hay manera de salir.
En el muelle de las almas
escondido en las montañas,
el mismo que te vio partir.
Y es la última mirada
que como un espejo al tiempo
es capaz de dar al viejo
la sonrisa de la muerte.
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