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Mostrando las entradas etiquetadas como José Tomás Vidal

Finales Alternativos

Coja y muy ciega, oh mi América linda cuanto te quiero.                   Viento negro y ríos secos, ¿porqué seguimos vivos? Maldita guerra, cómo no te avergüenzas, nadie te extraña.                             No vuelvas nunca. Suena la BIP y saludo al barquero yendo a mi infierno. El tiempo en contra y cada día hay más de esas colillas. El pelo sucio, las manos transpiradas y el pan servido. Contempla desde la cima y verás, nadie te está mirando. Despierta tarde, llegarás atrasado, pero sonriendo. Mientras el rey come hasta estar saciado, el pueblo muere. Sal a caminar en la noche y sabrás quiénes te extrañan.

Oh América mía

¿Por qué tan ciega?, ¿por qué tan coja?,                      ¿por qué tan muda?,                     ¿por qué tan tonta?, ¿por qué tan rica?, ¿por qué tan bella?, ¿por qué no me escuchas?, ¿por qué no me miras?, ¿por qué no me hablas?, ¿por qué eres así?, ¿por qué aún así, te sigo queriendo?

De padre a hijo

                           Llegó Rafael a Curepto en la madrugada de un día domingo, a la entrada de la hacienda de sus padres, luego de haber terminado de vagar por el norte y sur de Chile.                 Desde el portón todo parecía estar en su lugar, o al menos así es como lo recordaba luego de 5 años 4 meses y 21 días de ausencia. La camioneta Ford de su padre que a la vez este había heredado de su padre seguía desarmada pero más oxidada, debajo del garaje que apenas se sostenía sobre esos cuatro soportes de madera de roble podrida y un techo destartalado que se vuela con un soplo de viento un poco más fuerte al que ya se sentía en el frio aire de invierno. Facundo, el pastor alemán seguía amarrado al pino al lado del garaje, pero a diferencia de la última vez que lo vio, ahora...

Microcuentos

Sueños de una casa El árbol de la plaza siguió creciendo hasta que fue interrumpido por unos cables; a la semana siguiente ya no había árbol ni tampoco los sueños de la nueva casa en las alturas de un niño pequeño. El profesor desconsolado En la mañana fue que lo vi, estaba en su escritorio, parecía que no había dormido en su casa, se le veía muy avergonzado, y parecía que algo se lo comía por dentro, pero aun así no me preocupe mucho, pues no quería entrometerme. Más tarde fui a mi clase de literatura y redacción, fue entonces que el profesor le pidió disculpas frente a toda la clase al único ganador de Santiago en 100 palabras, pues con el mismo micro cuento, había sido el único también que se sacó un rojo. El circo Recuerdo perfectamente la primera vez que vi artistas de circo; hacía calor pero recuerdo que el malabarista tenia aún más calor que yo, ya que su actuación era con fuego; habiendo terminado su número, vi a unos payasos, no me reí mucho pero igual los disfrute; luego...