Rostros deprimidos, miradas vacías, ropas tiesas. A pesar
de aquel ambiente tétrico, se percibía que alguna vez hubo alegrías. Una mano
sudorosa jugaba con un lápiz. Una voz en off llamaba al orden. Un tiempo
gritaba por un pasado. El día esclarecía y el corazón se ensombrecía. Los
cerebros se endurecieron, todos los ojos miraron a un mismo punto. Los cuerpos
se transformaron en máquinas procesadoras. Las reglas estaban claras, no se
cuestionaban, era lo sano; o tal vez lo cómodo.
Las preguntas que surgieron en aquel salón de clases no
fueron nada extraordinarias.
Comentarios
Publicar un comentario