José Saramago decía que él no escribía ni para agradar ni para desagradar, sino que escribía para desasosegar. Si me lo preguntan a mi, "personaje" nada ilustre comparado con el gran escritor portugués, yo respondería que escribo directamente para desagradar. Escribo para que mis letras hagan al lector verse en un espejo que le muestre lo miserable que es y puede llegar a ser, para que sienta arcadas cuando mis párrafos busquen reflejar a su persona y al ambiente que lo rodea, para que se desagrade de sí mismo, no para que deje de leer lo que escribo, sino para que se motive a cambiar aquello que le produce náuseas.
Lector, estoy dispuesto a hacerte vomitar con tal de no dejarte indiferente, créeme. Y por favor, no te lo tomes personalmente.
Juan Pablo Guajardo
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