Acordamos con la Caro juntarnos en el restorán de comida China del barrio a las ocho de la noche. Le dije que todo se mantuviera en secreto para que la Sofí no sospechara. Pretendía decirle en esta cita lo que sentía por ella, obviamente sin que la Sofí se entere.
Pero aun no estoy seguro de lo que voy a hacer o decir, ya que me da pena dejar a la Sofí, más todavía sabiendo que su padre Don José murió hace dos semanas, esperando ser atendido en un hospital. Mi corazón está dividido porque la Caro es especial, pero la Sofí es mi compañera de vida que me ha acompañado en múltiples experiencias.
Caminando hacia el restorán chino pensaba en qué le diría a la Caro, y tomé la decisión de decir la verdad, y si me rechaza significa que mi destino es estar con la Sofí y haría como que nada hubiera pasado. Pero si me acepta tendría que ingeniármelas para terminar con la Sofí de una manera elegante.
Llegué al restorán y le dije toda la verdad. Ella comprendió y dijo que también sentía algo parecido. Pero me dejó bien en claro que no quería pasar a llevar a su amiga. Sin embargo me dijo que si terminaba con la Sofí de una manera decente no dudara en volver con ella, pero que no quería que terminara por culpa suya.
Me puse en campaña para terminar con la Sofí, fui un patán por más de un mes tratando de que ella me dejara a mí. Era un muy buen plan ya que así yo quedaba como la víctima. Dicho y hecho al poco tiempo ella me dio un discurso explicándome por qué quería terminar, y yo simulé estar muy triste y apenado. ¡Por fin lo había logrado!, ¡soy libre de esta mujer que me tuvo atado por más de tres años! Ahora solo me faltaba llevar a cabo la segunda parte de este plan, ir por la Caro.
Salimos a caminar con la Caro, la vi un poco más dudosa que aquella vez en el restorán de comida china, y así era: no estaba segura de entablar una relación conmigo, ya que eso rompería su lazo de amistad con la Sofí. Yo, sin saber qué hacer, me retire.
Le consulté a mis primas que se creen expertas en estos temas amorosos, solo porque leen esas revistas baratas norteamericanas con horóscopos falsos. Ellas me dijeron una sola cosa, eres un tonto, y que no lo pude haber hecho peor. Luego les pregunté a estas supuestas “doctoras corazón de revista” qué debía hacer ahora. Una de mis primas, la Maripi me dijo una sola cosa: aléjate de ambas mujeres para no empeorar la situación.
Medité sobre mis torpes actos, de los cuales estoy profundamente arrepentido. ¿Acaso sería capaz de mirarme al espejo nuevamente? Me sentía miserable y me estaba quedando sin pan ni pedazo.
Entonces tuve una epifanía: - Maripi, tení algo que hacer hoy en la noche…
Pero aun no estoy seguro de lo que voy a hacer o decir, ya que me da pena dejar a la Sofí, más todavía sabiendo que su padre Don José murió hace dos semanas, esperando ser atendido en un hospital. Mi corazón está dividido porque la Caro es especial, pero la Sofí es mi compañera de vida que me ha acompañado en múltiples experiencias.
Caminando hacia el restorán chino pensaba en qué le diría a la Caro, y tomé la decisión de decir la verdad, y si me rechaza significa que mi destino es estar con la Sofí y haría como que nada hubiera pasado. Pero si me acepta tendría que ingeniármelas para terminar con la Sofí de una manera elegante.
Llegué al restorán y le dije toda la verdad. Ella comprendió y dijo que también sentía algo parecido. Pero me dejó bien en claro que no quería pasar a llevar a su amiga. Sin embargo me dijo que si terminaba con la Sofí de una manera decente no dudara en volver con ella, pero que no quería que terminara por culpa suya.
Me puse en campaña para terminar con la Sofí, fui un patán por más de un mes tratando de que ella me dejara a mí. Era un muy buen plan ya que así yo quedaba como la víctima. Dicho y hecho al poco tiempo ella me dio un discurso explicándome por qué quería terminar, y yo simulé estar muy triste y apenado. ¡Por fin lo había logrado!, ¡soy libre de esta mujer que me tuvo atado por más de tres años! Ahora solo me faltaba llevar a cabo la segunda parte de este plan, ir por la Caro.
Salimos a caminar con la Caro, la vi un poco más dudosa que aquella vez en el restorán de comida china, y así era: no estaba segura de entablar una relación conmigo, ya que eso rompería su lazo de amistad con la Sofí. Yo, sin saber qué hacer, me retire.
Le consulté a mis primas que se creen expertas en estos temas amorosos, solo porque leen esas revistas baratas norteamericanas con horóscopos falsos. Ellas me dijeron una sola cosa, eres un tonto, y que no lo pude haber hecho peor. Luego les pregunté a estas supuestas “doctoras corazón de revista” qué debía hacer ahora. Una de mis primas, la Maripi me dijo una sola cosa: aléjate de ambas mujeres para no empeorar la situación.
Medité sobre mis torpes actos, de los cuales estoy profundamente arrepentido. ¿Acaso sería capaz de mirarme al espejo nuevamente? Me sentía miserable y me estaba quedando sin pan ni pedazo.
Entonces tuve una epifanía: - Maripi, tení algo que hacer hoy en la noche…
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