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Historias de cronopios y famas

HISTORIAS DE CRONOPIOS Y FAMAS
(Basado en el libro homónimo de Julio Cortázar)

Instrucciones para estudiar historia de Egipto

            Primero en cuero animal disecado (alias papiro), luego en tablillas de greda o arcilla aún húmeda (lista para secarse y sellar perpetuamente la innegable verdad o una placentera mentira, o bien sólo un dibujo falso o verdaderísimo)… ya perdí el hilo del relato. Como decía, primero en cuero, luego en arcilla y más tarde en cáñamo (cuando tenía un uso distinto del sicotrópico), la historia de los faraones fue inmortalizada.

            Hoy llega a nosotros en el infame y anónimo formato de “libro”. ¿Quién habrá sido el tacaño económico que lo inventó? Ese vil truhán que asesinó la maravilla lasciva de leer en auténticos manuscritos homéricos, aristotélicos, lutéricos, agustínicos, mosaicos, mesozoicos.    Bélicos.

            La ciencia está en empezar por el principio y terminar por el fin. Suena difícil pero no lo es, créanme. Sólo recuerde que el principio no es la primera hoja blanda, sino que es esa hoja dura llamada “tapa”, donde se encuentra el ente conocido como “título”. Es lo primero que se ha de procesar mediante ese acto deliberado que responde al nombre de “leer”. Seguramente tendrá la palabra ‘Egipto’ en esté “título” (solo si tuvieron la genialidad de tomar un “libro” sobre historia egipcia), por lo que será un buen comienzo, luego deberán continuar con el mismo proceder, página por página, de manera de que éstas se sucedan de derecha a izquierda, y ustedes se dejarán impregnar (por osmosis) de este agente externo que yo solemnemente bautizaré como “conocimientos sobre la historia de Egipto”.

Instrucciones para patear un balón

            Cuando tengas el balón al frente tuyo, yaciendo ahí pasivo y silencioso, no desesperes. El sistema tiene tres elementos: tú, un balón, el arco. 
Paris, flecha, talón de Aquiles.

            Pues eso es: acertar el proyectil en tu diana, meter un gol, destruir a Aquiles, hacer el negocio oportuno. ¿Cuál será la analogía correcta? se pregunta alguien. Quizás Dios no creó alguna, pues el balón es el único proyectil que mientras más al centro acierta, peor disparado está, responde alguien.

            ¿En qué ha de tener especial consideración, pues, quien patea? Porque una vez que el balón se despega ya nada se puede hacer: el Big Bang ya se detonó, el arca de Noé cerró sus puertas, Nagasaki arde, el óvulo fecundado… y el arquero resguarda el arco cual cancerbero, como San Pedro lo hace con las puertas del Cielo, listo el arquero para aplastar la esperanza de toda la Humanidad, anhelante de éxito y celebración.

            No habrá esperanza ni éxito ni celebración si quien patea pasa por alto el primer párrafo, y desespera.

Postámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj.
(Se recomienda leer antes ‘Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj’ e ‘Instrucciones para dar cuerda al reloj’, de Julio Cortázar.)

            Pero ahora piensa en esto: cada vez que sujetas el reloj con una mano y le das cuerda, no sólo permites el avance de los astros y la maduración de una pupa de mariposa, también despejas tus arterias, desinflamas tus caderas artrósicas y decreces tu barba: al otorgarle más tiempo al reloj, te das más tiempo a ti –eso es lo que no saben de lo que no saben.

            He ahí quizás el verdadero por qué de que se regalen relojes, costumbre que parece subsistir desde tiempos inmemoriales. Resulta que al final es un regalo mutuo: el reloj para el hombre y el hombre para el reloj, y convivirán en eterna simbiosis, hasta que se herrumbren las áncoras y los cráneos, se corroan las venas de los relojes y los hombres, se gangrenen las sangres de los rubíes y los corazones, y en el ocaso el tic-tac se detenga por un síncope fatal.

[Sin título]

            Sucede que los famas son grandes amantes del viento, les produce un auténtico goce y hasta se les ha visto venerándolo.

            Cuando el viento se levanta, los famas se quedan donde están, sea lo que fuere que estén haciendo, y se estiran completamente. Tienen una fisionomía tal que, con el paso del aire, son capaces de salir volando y elevarse hasta alcanzar alturas no muy altas, pero considerables. Quedan suspendidos por varios minutos, y caen lentamente revoloteando, girando y riendo (las primeras veces llorando), aterrizan muy lejos o muy cerca de donde estaban, y prosiguen como si nada mientras los cronopios observan, envidiosos.

[Sin título]

            Los cronopios no van al colegio pero son inteligentes de todas formas. Los famas, en cambio, son más limitados y por eso atienden a clases diarias, infructuosamente.

            Un cronopio decide hacerle clases a un fama, para lo cual se sientan frente a frente sin hablar mientras el cronopio pretende permear conocimientos en su alumno mentalmente. Transcurridos dos días así, el fama toma el dinero que gana por ir a clases, y se va.
            Cuando el fama se da cuenta de que no aprende, deja de recibir el dinero del cronopio y abandona las clases.

Matías Teófilo Correa

IVºB

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