Ir al contenido principal

La Verdad No Sé Escribir Poesía

1) La decepción de un español y un chileno

¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
En mi pupila tu pupila azul
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
¿Cuántas veces debo responderte que
La poesía me abandonó?

Me gustas cuando callas
Porque estás como ausente
Así no me preguntas
Lo que no puedo responderte

Sé que la curiosidad
Volverá a tus deseos de niña
Y volverás a preguntarme...

Y mis labios emanarán silencio




2) La muerte de la canción

Olvidada canta sola
Sin público ni asientos
Mientras otra disfrazada
Baila, salta y embriaga

Escusas no son las cadencias
Parece que no hay creación
Todo amor toda pasión
Ya no tienen ni presencia 

Ahora solo es el billete
Ese papel tan odiado
Anhelado por algunos
Rechazado por honrados

Todo hoy es un engaño
Buscando aprobación
Si bien la propia canción
Ya le quedan pocos años

Yo aún espero de vuelta
Esa era de pasiones
Donde uñetas, saxo y violines
Cantados eran por montones




3) Confesión

Tengo miedo de escribir
Algo que sea insuficiente
¿Agustín qué te pasa?
Esto no me lo esperaba

Inseguridades me apuñalan
Y Desesperación se sienta a mi lado
Me mira de reojo y se ríe
Y mis dedos entre los rizos
Que nuca llegué a tener




4) Mujer

Nuestras manos se soltaron
sus letras ya no me buscan
y las mías desesperadas
ruegan que no caiga al olvido

Pupila con pupila
tal como era antes
soy yo quien me golpeo
mis ojos callan mis palabras
y en ella grita la decepción
que busca mis preguntas
a través de miradas y caricias

Pero mi silencio me condena
y ella se confunde
y en ese momento
la víctima se vuelve femenina
pues tiene que decidir
a que brazo aferrarse

Comentarios

Entradas populares de este blog

Final

Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren

Simples receptores

Rostros deprimidos, miradas vacías, ropas tiesas. A pesar de aquel ambiente tétrico, se percibía que alguna vez hubo alegrías. Una mano sudorosa jugaba con un lápiz. Una voz en off llamaba al orden. Un tiempo gritaba por un pasado. El día esclarecía y el corazón se ensombrecía. Los cerebros se endurecieron, todos los ojos miraron a un mismo punto. Los cuerpos se transformaron en máquinas procesadoras. Las reglas estaban claras, no se cuestionaban, era lo sano; o tal vez lo cómodo. Las preguntas que surgieron en aquel salón de clases no fueron nada extraordinarias.

Sangra la Última Hora del Día

      Las hojas se mecían suavemente al compás del atardecer. El sol replegaba sus luces con algún espectáculo, en el que las nubes se ufanaban como coloridas protagonistas. La vieja encina se alargaba sobre las briznas ya rendidas, pronta a perderse en las sombras de la colina. Un conejo distraído se paseaba dando brincos sin un sentido aparente, por los lugares que aún quedaban bañados de día. Asustadas por la presencia del animal, un cuarteto de bandurrias batió las alas entre chillidos desganados. Al punto las imitó un pajarillo que se fue a posar en la última rama de la encina. El conejo levantó la vista, mirando divertido a las bandurrias, para seguir luego su rebote disparatado. La hierba se resignaba a su paso, ansiando recatada las sombras y el descanso. Los últimos brillos del ocaso tinto eran súbditos del sopor. El aire sangraba abatido por la lanza de la noche, que asestaba su golpe definitivo al sol para bajar luego su telón oscuro. Una ligera brisa remeció ...