Ir al contenido principal

El Final Del Camino

Era de noche, no había nubes y la luna grande y brillante era la única iluminación  en esa pequeña calle, la cual no tenía salida. Hildebrand se bajó del taxi, con cara muy seria y decidida. Pagó rápidamente al taxista y este salió a toda velocidad.

Tras pagar, lo primero que pudo notar, fue el olor a putrefacción que emitía ese lugar y los constantes sonidos de disparos y gritos que se escuchaban por las cercanías, lo cual le causó un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.

Comenzó a caminar, observando todo cuidadosamente, como si estuviera buscando algo. A su derecha, había lo que parecía ser un bar, la puerta, que era de madera, estaba podrida y tenía tres hoyos producto de algún tiroteo, al lado había una mujer apoyada, estaba con un chaquetón café que la cubría casi completamente y su cara excesivamente maquillada hacía dudar de su sexualidad. Giró su cabeza y bien al fondo logró distinguir una figura, había un hombre con la cara arrugada producto de sus largos años y tenía el pelo blanco y muy gastado.

Hildebrand comenzó a acercarse a ese hombre, mientras caminaba, tuvo que esquivar a unos hombres que dormían sobre el piso, casi sin ropa y con unas botellas de vodka que sujetaban con fuerza. Al estar más cerca de aquel hombre, se comenzó a poner nervioso, la frente le goteaba y le molestaba en los ojos. ¿Estará bien? se preguntaba mientras se acercaba, pero un sentimiento de venganza acumulada por años hacía que sus pies no pararan su marcha.

Cuando estuvo a una distancia medianamente cercana, sin decir una palabra, sacó de su espalda una pistola, era una Colt 9 mm, la sujetó firmemente y le apuntó al sujeto en cuestión. Pero "¿estará bien?, ¿valdrá la pena?", se cuestionaba cada vez con más fuerza, tanto así que estuvo apunto de bajar el arma y marcharse, pero rápidamente se acordó de su verdadera razón para estar parado en aquel lugar.

Todo había pasado hace tres años, cuando su vida era de lo más normal, se iba a casar en unos meses y no podía ser mas feliz, todo era perfecto. Pero de repente, casi como una maldición le salió un lunar de tal magnitud que le cubría casi un cachete entero de la cara . Su prometida al ver esto, le dio tal repugnancia, que le pidió que se lo sacara. El aceptó con un poco de susto, pero el cirujano que iba a disponer de la operación decía que era rápido y casi indoloro, por lo que se dispuso a la operación, durmiéndose rápidamente por la anestesia. Al despertar y abrir los ojos, pudo notar en la cara del cirujano que expresaba claramente una enorme preocupación. Rápidamente se levantó de la camilla y se miró a un espejo que había cerca: estaba completamente arrugada y despellejada. Su estómago se estremeció. Salió corriendo y al llegar a la sala de espera, sin levantar la mirada, pudo notar que ella estaba ahí. No se atreverá a mirarme, se decía y le dio tal angustia que decidió seguir corriendo, yendo a vivir una vida de soledad, casi sin contacto con el mundo y hundido en la miseria, jurando algún día vengarse.

Volvió en sí, habían pasado unos segundos de dura tensión. Después de su recuerdo se puso tan furioso que no dudo más y apretó el gatillo con todas sus fuerzas. Los disparos sonaron en toda la calle, pero no pasó nada, el cirujano ni se inmutó. Él, atónito, no sabía qué hacer, no se podía mover, algo se lo impedía, pero no sabía qué.

El cirujano se acercó lentamente, miró al cielo, comenzó a suplicar perdón y con los ojos llorosos, siguió su camino para luego, desaparecer por la calle.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Bienvenida

12 de Diciembre en el Colegio Tabancura Hace calor y el año ya casi termina. El timbre resuena estridente por cada pasillo del colegio y treinta y seis alumnos entran en tropel para rendir el examen mas temido del año: física específica. Los treinta y seis transpiran helado y están muy nerviosos, piensan en lo poco o mucho que estudiaron, en como están a punto de empezar las vacaciones, o de como, por culpa de este examen, no entrarán a la universidad. Siguen caminando hacia la sala, pero, en un instante, dejan de ser treinta y seis y pasan a ser treinta y cinco... Uno de ellos ha escapado despavorido, sabe que le irá pésimo y decide que no vale la pena entrar a la sala... En un momento de distracción general, el alumno, nuestro alumno, corrió desesperadamente a las salas de entrevistas. Cuenta la leyenda que este alumno, cuyo nombre prefiero no revelar, entró en las salas y producto de un largo año de estrés escolar, cayó rendido en uno de los sillones. Nadie recuerda que sucedió...

El Grito de un Héroe

      Rodó inerte sobre la roca cenicienta, llenando su boca de polvo. Durante mucho rato quedó tendido así, abatido, rendido. Sus lágrimas se revolcaban en la tierra. Nada había ya que hacer. Volver a casa... Moriría ahí y lo tenía más que claro. Todos morirían.       ¡Cómo era posible! ¡El destino de la Tierra Media había quedado en manos de esa criatura inmunda! ¿Por qué? Lloraba amargamente, sintiendo rabia, sintiendo una agobiante impotencia. ¿Después de todo, así habría de terminar? Era ridículo, era cruel, ¡Era injusto! no podía concebir que tantos sacrificios hubieran sido en vano, ¡Que tantas penurias no hubieran servido de nada! ¡De nada! ¡Todo por culpa de ese... Ese  traidor... Esa rata! ¡Gollum!       La ira bullía ardiente en su garganta. Sus dedos se cerraban sobre una piedra con todas sus fuerzas, en el más infantil y sincero de los desquites.       No. Me niego. ¡Me niego! No permiti...

Final

Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren