Nadie es culpable.
Buscaba al marino. Tal vez estuvo tomando de madrugada. Quizá, despertó amenazado por la ciudad manchada de artistas y poetas.
He indagado en las calles, no han sabido de él, solo las gaviotas son testigos del cuchillo que lo marcó.
Ahora, en los bares y tugurios, los poetas de Valpo le cantan sus querellas. Una de ellas: "la noche en la playa, donde lo han matado y él ha sufrido por el vino que bebió, el cartoné que inspira la tibia brisa de la tarde-noche, donde cruz sale y cara duerme." Algunos parroquianos reprochan los versos. A otros, quizá los más bohemios, les gustan.
De todos modos, la música no se detiene: "El puerto de los marinos apuñalados por artistas. Las noches son navegadas en las frías aguas de la indiferencia."
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