Al borde del trampolín y a punto de saltar. El cosquilleo en el estómago y el fuerte instinto me impidieron por un momento realizar mi tan esperado salto. La gente abajo miraba, gritaba aclamando y algunos grababan con sus teléfonos. Finalmente me llene de fuerzas y dí el salto que tanto quería. El resultado fue perfecto, justo el que esperaba. No hubo necesidad de ambulancia.
Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren
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