El niño estaba parado frente a la ventana abierta con el retrato roto entre sus manos, solo lo acompañaba el amargo llanto. Su olor impregnaba toda la sala. Las paredes serán las eternas testigos de la fragancia de su perfume, del eco de su risa, del clamor de sus gemidos y de la angustia de su lágrimas.
-¿Dónde está?- preguntó el niño.
- Se fue de viaje- le respondió el padre.
- La volveremos a ver?- inquirió nuevamente el pequeño.
- Pronto niño-.
Y salió el padre con el peso de un revólver abultándole el bolsillo.
-¿Dónde está?- preguntó el niño.
- Se fue de viaje- le respondió el padre.
- La volveremos a ver?- inquirió nuevamente el pequeño.
- Pronto niño-.
Y salió el padre con el peso de un revólver abultándole el bolsillo.
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