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El desdichado señor Aston

       El señor Aston despertó primero, simplemente se quedó mirando tranquilamente el rostro canosos que dormía un pacíficamente a su lado. Una vida juntos se podría reflejar claramente en la forma en que el señor Aston miraba a su señora, apoyada en su brazo, tranquila, durmiendo. La vejez no la había tratado bien, no quedaba nada bello en su cara, su agotamiento se notaba desde lejos y las enfermedades la tenían ya casi sin cabello en su cabeza, su piel estaba pálida, tenía unas ojeras profundas, un hilo de saliva escurría por su mejilla. Orgulloso miraba a su luchadora mujer, con un grado de admiración, ella que había luchado contra la vida y siempre triunfo.  De pronto tanta paz en su mujer lo alarmó, ya ni siquiera respiraba. Esta había sido su última lucha, durmiendo, descansando junto al amor de su vida.

Ignacio Lecaros

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