Al fin logro ver a mi esposa,
años sin verla, años sin ver a mis hijos casarse, mis nietos nacer, mis nietos
casarse, todos se ven diferentes, caras nuevas que no conocía, pero en el fondo
los reconocía. Al fin salgo de esa cárcel. Beso a mi mujer, voy al baño y un anciano me mira fijo, no sé quién
es, me imita, y ahí al fin fue el verdadero reencuentro.
Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren
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