Se estaba terminando de ejecutar el “Concierto para violín” de Tchaikovsky. El violinista estaba inspiradísimo y feliz por haber tocado esta difícil obra sin errores. Al terminar no hubo ningún aplauso. Las pocas monedas sonaron en el fondo de falso terciopelo de la funda de su instrumento.
Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren
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