No podía dormir. Por más que tratase, no lograba conciliar el sueño. Un sonido aterrador, como el gruñido de un animal, lo tenía así, pegado junto a la cama y asustado, sin poder cerrar los ojos por más de un minuto. A pesar de eso no quería levantarse y averiguar qué era, pero como el ruido no cesaba, se hizo de valor. Se levantó y bajó al sótano, pero no encontró nada. Frustrado y enojado volvió a meterse en la cama solo para caer en la cuenta de que se le había olvidado mirar hacia el techo.
Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren
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