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Noches Blancas

                   En esa época del año el sol no se pone. “Noches Blancas”, las llaman, y la verdad es que eso son. No, aún mejor: noches amarillas, o naranjas; la luz se cuela por las rendijas de las persianas con ese mismo sopor anaranjado que tenía en Santiago, un día cualquiera de verano a eso de las seis. Es esa luz que ilumina los párrafos del diario del domingo; mala hora para leer, los cabeceos terminan rindiéndose siempre a ese sueño perezoso que digiere el almuerzo. Las motas de polvo revolotean como en cámara lenta, apareciendo y desapareciendo del caudal de los rayos de sol. La noche, la condenada   Noche Blanca, que hubiese debido estar sumida en la oscuridad y el silencio, sofoca el ambiente con su luz y lo aprisiona en un letargo del demonio. No hubo ni un solo día, en poco más de dos meses que pasé allá, en el que pudiera dormir como la gente, descansar. Siestas, largas siestas, y a veces más de una ...

La caída del Oso

   Sus pies corrían en un bosque de sombras. Las manos asustadas por el aullido de los lobos, se sacudían frenéticas en busca de una cueva donde resguardarse. Las garras en la noche se estiraban soñando con alcanzar aunque fuera su pantalón de pijama. El labio inferior, empapado de miedo, vacilaba un último gesto que se iba a perder nuevamente en su descontrolado tiritar. A la derecha apareció una luz borrosa, confundida por el eterno cantar de la noche. Un escalón sucedió al otro, y el niño se dejaba caer en el primer piso, escondiéndose en la frondosa alfombra rayada. Por entre los pelos se asomaron un par de ojos. Atrás se escondía una cara teñida de oscuridad, aguantando a los ojos que se mantuvieron fijos por un segundo, escarbando el vacío, esperando encontrar esa puerta perdida. Pero un paso furtivo rompió el instante de calma, y sacudió al niño en lo más profundo de su estómago. Las botas del gigante amurallaron el pasillo, obligando al niño a pegarse a la pared par...

El Último Día de Luis

Luis despertó muy nervioso, temprano en la mañana del último día de su vida. Había vivido cincuenta años preparándose para ese día, había pensado mucho y hasta escrito un poco. Había pintado un cuadro y se había casado. Había recibido consejos de su familia, de sus amigos, de sus colegas y de los curiosos, se había hecho famoso y había aparecido en la televisión. Había escuchado a doctores y sicólogos, y también a sacerdotes. Había leído la Biblia, había confesado sus pecados y había recibido la comunión. Había hecho todo, pero aún así despertó nervioso, muy nervioso. La verdad es que era muy comprensible que estuviera así, cualquiera lo estaría si supiera la fecha exacta de su muerte.             Llevaba mucho tiempo planeando ese día; un día repleto de actividad, para distraerse, rodeado de su familia, y al final, una misa. Pero ese día había llegado, y no tenía ganas de hacer nada, quería estar solo. Se levantó de la cama, con...

Historias de cronopios y famas

HISTORIAS DE CRONOPIOS Y FAMAS (Basado en el libro homónimo de Julio Cortázar) Instrucciones para estudiar historia de Egipto             Primero en cuero animal disecado (alias papiro), luego en tablillas de greda o arcilla aún húmeda (lista para secarse y sellar perpetuamente la innegable verdad o una placentera mentira, o bien sólo un dibujo falso o verdaderísimo)… ya perdí el hilo del relato. Como decía, primero en cuero, luego en arcilla y más tarde en cáñamo (cuando tenía un uso distinto del sicotrópico), la historia de los faraones fue inmortalizada.             Hoy llega a nosotros en el infame y anónimo formato de “libro”. ¿Quién habrá sido el tacaño económico que lo inventó? Ese vil truhán que asesinó la maravilla lasciva de leer en auténticos manuscritos homéricos, aristotélicos, lutéricos, agustínicos, mosaicos, mesozoicos.    Bélicos. ...

Los mosqueteros del rey

La verdad la razón por la que iba a la obra era simplemente porque luego de ella iríamos al McDonald, y en parte para ver a mis compañeros. Esta obra sería protagonizada por José Antonio Zañartu, Juan Pablo Silva, Bernardo Fontaine y Benjamín Turner, y su nombre era "Los mosqueteros del rey". De muy buen comienzo, constantes bromas que lograron captar mi atención y la de todo el público ahí presente, que repletó "La Bodega". Por lo menos para mi, los personajes fueron elegidos prácticamente con lupa, ya que las personalidades de cada uno encajaban perfecto con su presentación, uno pensaría que estaban en la sala de clases. La siempre presente seriedad de Zañartu, la extrovertida personalidad de Fontaine, la falta de Ritalin de Turner y Silva, de un amor por si mismo inigualable. Ésta sería otra de las buenas obras de teatro con la que nos deleita Pérez de Castro, obras que parecen muy simples, pero con una gran cantidad de trabajo detrás de ella. Nisiquiera ...

Minuto 91

15 de julio, 2014 ​ Desperté en la cárcel, o algo asi. Estaba entre cuatro paredes con tan solo una ventana y ademas tapada en barrotes. Un bloque de madera hacía las de puerta… ​ Frío, mucho frío. ¿Estaba en Siberia? ¿Cuánto tiempo había dormido? Mi dolor de cabeza era insufrible. ​ Tratar de recordar lo que habia pasado agudizaba cada vez más el dolor, y mi cargo de conciencia se multiplicaba con el tiempo. Debia aceptar la culpa, ¿Ya la había aceptado? Todo era muy confuso, nebuloso. No sabía si gritar por ayuda o simplemente quedarme ahí sin moverme. No, tenía que demostrar que era inocente, asique me paré y llame con furia al guardia, que simplemente asintió y esbozó una sonrisa. ​ Mi impotencia iba en aumento. ​ -¿Mi llamada? ​ Me pasaron un celular, bastante bueno la verdad. ​ -Tienes dos minutos- el guardia me empezaba a agradar. ​ ¿A quién llamo? Después de lo que habia hecho, después de aquel suceso, nadie en mi país pensaria en ayudarme.  Estaba p rofund...

Poema

Animo de horizonte corazón de fuego ojos de águila  lengua de León relincho de esperanza En una laguna de lagrimas flotan barcos de carcajadas burlándose del silencio de expectantes observadores que iluminan su mirada en soles de plástico Resuena con el tiempo un adiós que se despide de la sonrisa dibujada en un cuadro eterno de trazos forzados Un adiós pintado de blanco neutro que no calienta ni enfría a un salvaje acalorado que le vomita en su risas  le moja con su llanto y se despiden con violencia del nirvana de plástico