Caminando llegó al castillo un campesino. Vestía una camisa vieja, pantalones raídos y unos zapatos que estaban a punto de perder la suela. Era bajo de estatura y bien proporcionado. Hace una semana había llegado a su cabaña un mensajero real, llamando a todos los hombres a reclutarse para la guerra contra el reino vecino. Y él, viendo que esto podría traerle gloria y bienestar a su familia, partió sin pararse a pensar. Finalmente había llegado. Recién estaba saliendo el sol, iluminando con sus primeros rayos el castillo que no era muy grande, pero era la perfecta fortaleza de gruesas murallas y torres fáciles de defender. Al entrar se dirigió enseguida al cuartel militar. Ahí le dieron el uniforme, una espada y un escudo con el símbolo real. Se sorprendió de ser el único en el lugar. Pero la verdad es que no había de qué sorprenderse. El reino era mínimo. Solo unos pocos podían ser reclutados y la guerra en t...
Blog oficial taller literario.