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Entradas

El peón

            Caminando llegó al castillo un campesino. Vestía una camisa vieja, pantalones raídos y unos zapatos que estaban  a punto de perder la suela. Era bajo de estatura y bien proporcionado. Hace una semana había llegado a su cabaña un mensajero real, llamando a todos los hombres a reclutarse para la guerra contra el reino vecino. Y él, viendo que esto podría traerle gloria y bienestar a su familia, partió sin pararse a pensar. Finalmente había llegado. Recién estaba saliendo el sol, iluminando con sus primeros rayos el castillo que no era muy grande, pero era la perfecta fortaleza de gruesas murallas y torres fáciles de defender. Al entrar se dirigió enseguida al cuartel militar. Ahí le dieron el uniforme, una espada y un escudo con el símbolo real. Se sorprendió de ser el único en el lugar. Pero la verdad es que no había de qué sorprenderse. El reino era mínimo. Solo unos pocos podían ser reclutados y la guerra en t...

Lagrimas del diablo

Llevaba 3 semanas sin dormir, los ojos no lograba cerrarlos completamente, había más que una preocupación de por medio, cuentas de la casa, el colegio de los chicos y problemas con el banco, una vida  matrimonial derritiéndose poco a poco en los 35 grados de calor que atravesaba la ventana de la pieza de los dos, una cama que los hace nada más que sudar e incomodar entre sus sabanas blancas en una noche desértica y corta. Solían ser más felices, con mas sueños, mas proyecciones en vez de ser lo que son ahora , unos simples insectos en el jardín, aplastados por la vida laboral y de conseguir cada día y cada hora un poco mas de oxigeno para ellos mismos, y que no los tapen y no los devuelvan a la mugrosa tierra que vinieron. Ricardo tuvo su frente en lo más alto, en la cúspide de sus sueños, ya el insomnio lo encarcela, fatigandolo de a poco lentamente como animal en un matadero, mientras que su sangre se derrama de apoco, formando el reflejo de su odio en el charco de sangre....

La Droga de Cobra. Cuento Concurso

Las puertas rechinaban, el sol atacaba la sombra que iba a refugiarse bajo los techos, el silencio reinaba en el Oeste, mientras que dos hombres bebían y bebían whiskey en el Saloon del pueblo. Los revólveres estaban sobre la mesa, junto con los respectivos sombreros. Las viejas cuerdas y las teclas de marfil adornaban la instancia con un agradable murmullo. De vez en cuando un fuerte golpe de los vasos contra la barra exigiendo un relleno, o una camarera a medio vestir recogiendo platos y jarras de cerveza sucias entraban en la escena.  Todos los clientes intentaban ocultar su miedo hacia estos dos hombres. Algunos reían ruidosamente para dar cuenta de que no les interesaba que estuviesen ahí. Otros coqueteaban con la semidesnuda camarera, y otros simplemente bebían hasta caer sobre las mesas redondas del local. El lugar era bastante acogedor a decir verdad. Un fuego caliente ardía encarcelado en la chimenea, sobre la cual se podían apreciar innumerables afiches de un color...

Los espectros

--> Llevaba poco menos de una hora paseando con mi perro. El paisaje de suaves colinas era muy agradable y el día estaba en su máximo esplendor. Me llamó la atención uno de los cerros que era notablemente más escarpado que los de alrededor, con un discreto pero tupido bosque de robles de gran altura en su parte baja y un pequeño sendero sinuoso que se adentraba en él. Una ráfaga de viento tibio turbó la tranquilidad del bosque, que se estremeció, como suspirando. El perro comenzó a actuar de manera extraña, caminando en círculos con la cabeza gacha y gimiendo. Sin lograr tranquilizarlo lo amarré a uno de los postes del cerco que bordeaba el camino. El cerro despertaba mi curiosidad, era demasiado el contraste que producía con todo lo que había alrededor. Me dirigí hacia él. La quietud era impresionante, ningún ruido perturbaba el silencioso ambiente. Me crucé en el camino con algo que se dirigía al pueblo en sentido contrario. Iba a paso rápido y estuvo cerca de atropellar...

Capítulo I

Un hombre alto, de brazos largos y mirada cansada espera el metro en la estación, con un estuche de cello al hombro. Chirrido de frenos…¡Atención, se inicia el cierre de puertas!...viaje largo…¡la Moneda, próxima estación los Héroes! Escaleras. Rocío del “ventilador”. Paradero. Micro. ¡Bip!. Motores. Bocinas. Frenazos. Curvas. Los dolores de cabeza partían siempre igual. Entra en el sobrio departamento donde vive. No hay decoración. Solo una cama, además del baño y la cocina. Deja el cello en la esquina. Aspirina y a acostarse. No soportaría un evento más en el que tuviera que tocar el Canon de Pachelbel. Era realmente increíble que la gente pidiera lo mismo para todos los matrimonios y funerales. Habiendo tanta música. No es que fueran piezas feas. Era la repetición lo que les había quitado el brillo. Y en el colegio en donde hacía clases, las mismas pompas y circunstancias, los mismos wearethechampions, todas las graduaciones lo mismo. Cansado, cierra los ojos y trata de dormir. ...

Unas pastillas y una jarra de cerveza

Unas pastillas y una jarra de cerveza. Capítulo I Llevaba diez años sin ningún accidente. En pastillas gastaba buena parte de mi sueldo. Veía que todos las consumíamos y el distribuidor de sustancias psicotrópicas era el doctor, y nuestro dealer el farmacéutico. Estaba completamente adormecido. El trabajo lo era todo, mi familia de lado. No me acordaba de las caras de mis padres. Vivía sin sentido preguntándome qué comida de microondas proyectaba mi día. Recuerdo una conversación cuando chico con unos amigos. Era en el patio del colegio durante uno de esos recreos que se hacían más largos después de almuerzo en los que hablábamos de todo y de nada. El guatón del curso, ese típico alumno un poquito pasado de peso pero realmente bueno para la pichanga de quince minutos del recreo y para los chistes aburridos que nadie pesca, me decía lo bien que lo había pasado en clases y de cómo se venía todo más duro, por eso  que teníamos que recordar el ahora. Guatón te estay poniendo m...