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Entradas

sueños

Rey, esclavo, soldado, marinero, donde puedo volar, donde solo me puedo arrastrar. Más allá de la muerte, placer y fuego, dolor y alivio, insensibilidad eterna. Fuerza incontrolable imaginación infinita. Mundo paralelo, inentendible y al azar, cuando el oscuro manto caiga espero a ti llegar.

La Distorsionada Realidad (Cuento Mejorado)

Los niños jugaban y reían. Ella lo hacía sobre un columpio viejo, mientras Él la empujaba suavemente. Se divertían en el patio de la casa donde se desarrollaba la junta de vecinos, deseando que no llegara el momento de lavarse e irse a dormir. Todos los meses, la reunión vecinal enfrentaba también a ambos niños, que aprovechaban este momento para reconciliar sus diferencias. E n un día normal, É l era un niño tímido, que no levantaba los ojos del libro de ejercicios en las clases de matemáticas , o de alguna novela en los recreos. No conversaba con los demás niños, y menos aún con las niñas del colegio. Solo en la junta de vecinos podían Ellos ser compañeros de juegos. Una de esas tantas veces , É l llegó , como siempre o quizás más temprano, a la reunión mensual. Se sentó en uno de los columpios y esperó a que Ella llegara y ocupara el otro. Sin embargo, la reunión transcurrió sin que la joven se dignase aparecer. Seguramente un viaje o una complicación de última hora había...

El Final Del Camino

Era de noche, no había nubes y la luna grande y brillante era la única iluminación  en esa pequeña calle, la cual no tenía salida. Hildebrand se bajó del taxi, con cara muy seria y decidida. Pagó rápidamente al taxista y este salió a toda velocidad. Tras pagar, lo primero que pudo notar, fue el olor a putrefacción que emitía ese lugar y los constantes sonidos de disparos y gritos que se escuchaban por las cercanías, lo cual le causó un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Comenzó a caminar, observando todo cuidadosamente, como si estuviera buscando algo. A su derecha, había lo que parecía ser un bar, la puerta, que era de madera, estaba podrida y tenía tres hoyos producto de algún tiroteo, al lado había una mujer apoyada, estaba con un chaquetón café que la cubría casi completamente y su cara excesivamente maquillada hacía dudar de su sexualidad. Giró su cabeza y bien al fondo logró distinguir una figura, había un hombre con la cara arrugada producto de sus largos años y ...

Día del típico magnate

La noche era fría y su cuerpo lo sentía. Fue a la chimenea, esa que con sus oscuros colores contrastaba con el abrasador fuego que solía ser su único acompañante en noches como esta, puso un poco de papel del diario del día anterior, que no tenía más que tristes noticias en sus grises paginas con tinta negra, ramas y un par de leños oscuros de arrugada corteza que había por ahí. Soplando un poco las pequeñas y rojas brasas que aun quedaban, logró encender el papel y éste a su vez encendió las ramas secas, que con sus llamas pudieron llevar a cabo el dificultoso trabajo de secar y prender esos húmedos troncos. Una vez pasado el frío, sintió como su estómago alegaba el hambre que sentía por medio de un fuerte sonido de tripas y una punzada que lo hizo detenerse un segundo antes de volver en si luego de haber estado unos minutos con la mirada perdida en el fuego, que bailando entregaba su calor reconfortante. Fue a revisar entre lo que tenía y no encontró más que un atún en aceite en...

Viejas costumbres

Llevaba chaqueta y corbata, de muy buena calidad y mejor gusto aún. En el pasado había usado anteojos, ahora había ascendido- en su opinión- a lentes de contacto. Antes no sabía que habían cortes de pelo "caros"; ahora, con la testa impecable, tenía otro concepto de lo "caro". Para completar el estereotipo, ese día usaba un anticuado par de guantes blancos. Tenía un muy buen trabajo, por supuesto, pero mantenía vivas algunas viejas costumbres. Era ejecutivo de un importante banco, pero todavía conservaba el quiltro recogido de la calle que lo había acompañado en su ascenso. Podía comprar habanos auténticos, pero todavía fumaba los Hilton sin filtro de su juventud. Ese día, se encontraba caminando por una de las avenidas principales de su ciudad, de nombre irrelevante para nosotros e incluso para él. Había terminado de almorzar con un importantísimo cliente y se le veía rebosante de alegría: al parecer, le había ido bien. Paseaba, sencillamente; vagab...

Heráclito

Iba Martín caminando por el río y a sus costados soldados de verdes ropajes lo observaban. Pensaba para si mismo:  - "¡Qué tristes problemas! ¡Qué mal! ¡Qué pena! Acaso esos peces que pasan frente a mi sentirán mi amargura, mi olor a vergüenza. Ah, ya sé: si divido por cero ¡Si! ¡Ahí está la solución! Ahora entiendo a Russell. Por suerte la 502 me llevara a casa".

Mañana Agitada

Mañana Agitada    Luego de una lluvia torrencial que había azotado Santiago durante una semana, el sol comenzaba a salir por el horizonte en esa fría mañana de julio. Los autos, con una capa delgada de hielo encima, comenzaban a circular por la ciudad, la suave pero mortal brisa mañanera calaba hasta los huesos de hasta la más abrigada de sus víctimas; la escarcha en las plazas y el rocío en las hojas hacían ver aquella escena inmejorable de una capital descontaminada.   Como era habitual, Jacinto debía despertarse a las 6 a.m. para poder llegar a tiempo a su puesto de mozo en el lujoso hotel  Marrihot,  ubicado en la comuna de Ñuñoa.    El despertador comenzó a sonar, emitiendo una entrecortada frecuencia de la radio Cooperemos, junto a ruidos indescriptibles causados por la mala señal. Con un rápido pero torpe movimiento, logró apagarlo dándole golpes bruscos.   Ya medio despierto, pero con los ojos completamente cerrados, recor...