Iba Martín caminando por el río y a sus costados soldados de verdes ropajes lo observaban. Pensaba para si mismo:
- "¡Qué tristes problemas! ¡Qué mal! ¡Qué pena! Acaso esos peces que pasan frente a mi sentirán mi amargura, mi olor a vergüenza. Ah, ya sé: si divido por cero ¡Si! ¡Ahí está la solución! Ahora entiendo a Russell. Por suerte la 502 me llevara a casa".
- "¡Qué tristes problemas! ¡Qué mal! ¡Qué pena! Acaso esos peces que pasan frente a mi sentirán mi amargura, mi olor a vergüenza. Ah, ya sé: si divido por cero ¡Si! ¡Ahí está la solución! Ahora entiendo a Russell. Por suerte la 502 me llevara a casa".
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