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La espera

La espera 

Sentado en el sillón, miraba nervioso el reloj blanco y redondo de la pared.  Movía la pierna derecha con la punta del pie,con ese típico movimiento de personas inquietas que no pueden no  hacer nada y que a tantos les molesta "porque sí". Pero él no era una de esas personas inquietas. Miraba cómo las manecillas del condenado reloj giraban, y escuchaba ese desagradable ruido constante del segundero, que con la espera parecen ser manecillas de minutos, y éstas últimas  de horas. Cuando no miraba el reloj lanzaba distraídas miradas a la casi solitaria sala. Una secretaria, de mediana edad, al parecer soltera, con aspecto de abuela (llevaba puestos un chaleco de lana y unos anteojos enormes con marcos azules que le daban un aire cómico, ya que sus ojos grises se veían saltones a través de los lentes), estaba sentada en su propia "oficina",  revisando atentamente algunos documentos en su computador, seguramente una lista de pacientes, o quizás sólo estaba chataeando en alguna página para solteros como "Find your true love", a juzgar por la rapidez que oprimía las teclas y la  excesiva atención que le prestaba a la pantalla.  Unos asientos más allá, una mujer  de unos cuarenta años, aparentemente rubia estaba leyendo en la revista Pretty Woman el último escándalo de la familia danesa, y sentado junto a ella un niño de unos seis años,seguramente su hijo, que no quitaba la vista de la pantalla de su tablet mientras jugaba un sanguinario juego de zombies. Y eso era todo. Quizás porque  aquel era  día de semana y bien temprano por la mañana. Suspirando, dirigió la vista hacia puerta de la consulta. Esa señora gorda que parecía haber tenido un pasado más animoso, que en su época quizás pudo ponerse un bikini y   haber hecho suspirar a más de alguien y que no cabía en sus ropas de hace diez años, ya llevaba más de una hora con el doctor. Luego miró al suelo y trató de alejar esos pensamientos tan engorrosos.Se dedicó a pensar en otra cosa...él mismo, que no estaba mal de peso, los kilos de la señora lo hicieron reflexionar...comida...¿que había desayunado esta mañana? ah,sí, pan blando y  amasado sin sal, con mermelada light de damasco, que ya se estaba poniendo amarga...un café, con leche descremada, también light, sin mucha cafeína, y con una sola y pequeña tableta de endulzante...¿y a eso llamaba una taza de café? se rió para sus adentros. Hasta una taza de té tendría mas sabor.Pero ya estaba acostumbrado desde hace varios meses  y para él era la gloria un café por la mañana,por insípido que sea. Intentó recordar el gusto del café de hoy que había bebido hace un par de horas. Pero también recordó que mientras lo tomaba, la mano le temblaba notoriamente.Nunca le había ocurrido eso.  Volvió a ver su aspecto demacrado cuando se observó en el espejo del baño: pálido como la nieve y  con el sueño marcado en las ojeras, dignas de un lunes por la mañana. Nunca se había visto así. De pronto, notó con sorpresa que  en ese momento, su mano derecha estaba temblando. La miró por un instante, luego hizo un puño con ésta y apretó, hasta que sus nudillos se le pusieron blancos. La soltó y la volvió a mirar. Aún temblaba. Entonces, interrumpiendo sus pensamientos, la puerta de la consulta se abrió y la vieja gorda cruzó el umbral, despidiéndose del doctor con un "gracias" y  "esta vez respetaré mi dieta,se lo aseguro". Una vez que la gorda  había abandonado la sala,el doctor se asomó su calva y autoritaria cabeza por la puerta: "¿Señor Martínez?" Nuestro hombre se puso de pie y respondió con un seco  "soy yo".El doctor le hizo un ademán . "Sígame, por favor". Antes de entrar a la consulta, se miró la mano por última vez.  Todavía estaba temblando...
Ya sentado en el despacho del doctor, Martínez, quien intentaba ocultar lo mejor posible su mano temblorosa, esperaba mientras el doctor le echaba un último vistazo  a unos documentos médicos. Finalmente, el doctor levantó lenta y casi ceremoniosamente la vista  y  habló con su voz  suave pero firme:  "señor Martínez, hemos recibido los resultados de sus exámenes médicos de la semana pasada y lo he revisado cuidadosamente." El otro hombre que ahora no sólo le temblaba la mano ,sino además las piernas, y el corazón casi que  se le  escapaba por la garganta, apenas atinó a asentir con la cabeza .  El doctor, al observar su lacónica respuesta , y notar que el hombre se iba a desmayar en cualquier momento, le contestó de manera rápida y directa : " los resultados dieron negativo, y usted se encuentra en perfecta salud."  El mundo pareció detenerse por un momento y  después estar lleno de sonrisas y vivos colores . Martínez se puso de pie y le agradeció al doctor por todo, estrechándole la mano por un buen rato.  Siguieron hablando de algunos asuntos, como en dónde podía retirar los resultados de los exámenes y otras cosas de menor importancia.  Finalmente se despidió del doctor, salió del despacho y luego de la sala. Caminó por los pasillos del edificio, temblando, pero esta vez temblaba de felicidad . Entonces se detuvo,y mientras sacaba una cajetilla de cigarros de su bolsillo,leyó distraídamente un cartel, de esos que tienen colores vivos para que la gente los capte pero en realidad nadie lo hace. Estaba pegado en la pared a su izquierda del pasillo: "FUMAR CAUSA CÁNCER PULMONAR".

Agustín Ronco Sartori

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