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Facebook

Bajando por el inicio de Facebook me di cuenta de dos cosas. La primera, Facebook está decayendo, ya casi funó. Ya nadie se mete. Caché por "eventos" que me he perdido varios carretes. Es un problema. ¿Cómo nos organizamos ahora? En verdad, ¿Cómo mierda era antes? ¡Y los cumpleaños! Ahora nadie está de cumpleaños. Antes todos tan considerados, se acordaban de todos los cumpleaños, a veces hasta uno conocía más a "12 de Abril" que a Juan Pérez. O por lo menos Facebook lo hacía. ¿Cómo nos vamos a acordar ahora? Mala cosa. Ah, y lo otro que me di cuenta, bueno, en realidad no me di cuenta, me acordé de la cantidad de veces que me he dado cuenta, es de lo tiernos que son los comentarios de las fotos de las minas. Una gorda fea posando en bikini con los ojos cerrados y a contraluz, y le salen con "Tereee!!! Esque me muerooo lo bellaaaa!!!". A lo mejor eso es amistad, o buena educación. Bueno, si le van a comentar algo ¿Que más le van a poner? Algo que no sea ni mentira que encante ni verdad que espante, algo así como "Excelente composición (total abstracción de la forma)", "Muy buena tu pose (se te marcan los rollos, idiota)" o "Buen uso de los colores (te camuflái con la rucia de atrás)"... Porque algo hay que comentar, es como la prueba de fuego de la amistad -de Facebook- o algo así. No, no. ese es el "me gusta". Eso sí. Si no le poní me gusta, ¿Con qué cara te decí su amigo? Pero eso ya no importa. Los días de Facebook se terminaron... pero se vienen los de cien mil redes sociales más.

Felipe Cousiño

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Final

Por lo menos, quedé tranquilo. Había hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano pero igual no se logró lo que quería, lo que queríamos. Me tendré que adecuar al nuevo presente o simplemente tomar el primer vuelo al otro rincón del mundo, esa idea me sedujo más... Agustin Eguiguren

Simples receptores

Rostros deprimidos, miradas vacías, ropas tiesas. A pesar de aquel ambiente tétrico, se percibía que alguna vez hubo alegrías. Una mano sudorosa jugaba con un lápiz. Una voz en off llamaba al orden. Un tiempo gritaba por un pasado. El día esclarecía y el corazón se ensombrecía. Los cerebros se endurecieron, todos los ojos miraron a un mismo punto. Los cuerpos se transformaron en máquinas procesadoras. Las reglas estaban claras, no se cuestionaban, era lo sano; o tal vez lo cómodo. Las preguntas que surgieron en aquel salón de clases no fueron nada extraordinarias.

Sangra la Última Hora del Día

      Las hojas se mecían suavemente al compás del atardecer. El sol replegaba sus luces con algún espectáculo, en el que las nubes se ufanaban como coloridas protagonistas. La vieja encina se alargaba sobre las briznas ya rendidas, pronta a perderse en las sombras de la colina. Un conejo distraído se paseaba dando brincos sin un sentido aparente, por los lugares que aún quedaban bañados de día. Asustadas por la presencia del animal, un cuarteto de bandurrias batió las alas entre chillidos desganados. Al punto las imitó un pajarillo que se fue a posar en la última rama de la encina. El conejo levantó la vista, mirando divertido a las bandurrias, para seguir luego su rebote disparatado. La hierba se resignaba a su paso, ansiando recatada las sombras y el descanso. Los últimos brillos del ocaso tinto eran súbditos del sopor. El aire sangraba abatido por la lanza de la noche, que asestaba su golpe definitivo al sol para bajar luego su telón oscuro. Una ligera brisa remeció ...